Resumen
Una semana que llegó cargada de señales, y no todas apuntan en la misma dirección.
El petróleo corrigió con fuerza —casi 11% en el mes— pero sigue un 40% por encima de los niveles anteriores al conflicto con Irán. La renta variable global no se inmutó: el S&P 500 acumula casi 20% sobre su promedio del año pasado, consolidándose como refugio en un mundo donde las tasas reales siguen siendo negativas. El dólar, por su parte, perdió tracción: el DXY cayó a 98, abriendo una ventana favorable para los mercados emergentes. Y la soja acompañó, mejorando en plena liquidación de cosecha gruesa —una buena noticia para el frente externo argentino.
Pero la noticia de la semana llegó desde otra dirección: Fitch subió la calificación soberana de Argentina a B-, con perspectiva estable. Un paso concreto, aunque la historia no termina ahí.
El upgrade valida la mejora fiscal, el avance en reservas y la ejecución del programa económico. Sin embargo, S&P y Moody’s permanecen en CCC+/Caa1. Esa brecha importa: no impide que Argentina acceda al mercado de deuda, pero lo encarece y reduce el universo de inversores dispuestos a entrar. La convergencia de las tres agencias —si ocurre— sería el verdadero punto de inflexión para reconstruir acceso voluntario al mercado a costos razonables.
¿Cuándo podría darse esa convergencia? Las probabilidades, los escenarios y las diferencias metodológicas entre calificadoras que explican por qué Fitch se movió primero —y por qué S&P y Moody’s probablemente esperarán más señales del ciclo electoral 2027— están desarrollados en el informe completo de esta semana.
También encontrarás el monitor semanal de reservas, el análisis de flujos en la industria de FCI —con una recuperación destacada en el segmento de cash management, en pesos y en dólares— y las estrategias de posicionamiento por asset class para los fondos MQM.